Treinta dìas para existir
El periodista Julián Palermo era un cliente asiduo del comedor popular del Mercado Lanza, en la ciudad de La Paz. A veces llegaba solo; otras, acompañado de algún amigo, siempre con el cansancio escondido en los hombros. Su casera, la comidera, ya lo conocía bien: el joven Julián era de esos clientes que volvían una y otra vez, incluso en los días en que el bolsillo le apretaba. Entonces ella, sin hacerlo notar, le fiaba el almuerzo y el vaso de fresco: unas veces de linaza, otras de orejones, según lo que hubiera preparado esa mañana.



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