
Un hilo interior de vivencias
Nicolás Parra, Julián Palermo y Juan de Dios Postigo son, en esencia, una misma voz. Tres trayectos distintos, sí, pero unidos por un mismo pulso. Para no mezclar sus vivencias, decidí mirarlas como un espejo roto que, en realidad, es un solo fragmento capaz de reflejar tres caminos.
Todos comparten las iniciales JP, y todos regresan —de un modo u otro— a los mismos lugares: El Alto, Villa Armonía, y aquel cuartito cerca de la estación de ferrocarriles de La Paz.
Desde niño reuní recuerdos de alegría e inocencia. En la adolescencia descubrí el mundo marcado por el fútbol, mis primeros amores y mis primeras búsquedas. Y, tras la muerte de mis padres, imaginé futuros diversos: desde chofer de bus hasta médico.
Los relatos que presento hoy se arman como un rompecabezas de etapas y afectos. Son fragmentos de una misma historia que ahora comparto con ustedes.

Lo que queda cuando el tiempo pasa
Los relatos que presento aquí están escritos con sencillez. No puedo —ni quiero— contarlos de otra manera. Son historias que hasta ahora habían permanecido en silencio, y esta forma directa es la única que me permite ofrecerlas con verdad. Ojalá, en medio de estas palabras, algunos de ustedes puedan encontrar sus propias huellas, como quien reconoce un rastro antiguo en el polvo del camino.
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